Me encontraba sola, sentada en la terraza de aquella sencilla cafeteria. Observaba a cada transeúnte que alcanzaba mi mirada, sin más, y me fascinaba. Podía oir lo que sentian, sin ni si quiera tener un ápice de conocimiento sobre sus vidas. Algunos notaban la presencia de mis ojos y sonreían por costumbre, aunque sus tristes miradas los delataran.

No hay comentarios:
Publicar un comentario